Liderar o ser liderado: esa es la cuestión

01/06/2017

Liderar o ser liderado: esa es la cuestión

Mientras en Europa se debate largo y tendido sobre la economía colaborativa, su impacto positivo y sus innegables retos regulatorios (algunos ejemplos de la prolífica literatura europea al respecto pueden encontrarse aquí, aquí, aquí, aquí, aquí o aquí), y el propio Nicola Danti, rapporteur de economía colaborativa para el Parlamento Europeo y ponente del Informe de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor sobre la Agenda europea para la economía colaborativa, declara que “la economía colaborativa es un fenómeno nuevo que nos aporta nuevas oportunidades y varios retos”, en España, en cuestión de iniciativa política, vamos a otro ritmo. Al ritmo del arrastre.

Nuestro Gobierno se enfrenta con la pasividad propia del que espera que le venga todo hecho a los fenómenos de la digitalización y las nuevas economías, entre las que se encuentran no sólo la economía colaborativa, sino también la economía bajo demanda o la economía de acceso. Fenómenos, todos ellos, que nos obligan a evolucionar, a no quedarnos atrás, a situarnos en el camino hacia la transición activa.

“Necesitamos una estrategia ambiciosa de la UE para allanar el camino. Nuestras prioridades deben ser garantizar una competencia leal entre los sectores empresariales tradicionales y el nuevo mundo de la economía colaborativa, garantizar un alto nivel de protección de los consumidores y fomentar la promoción de un modelo de colaboración europeo que pueda contribuir a un desarrollo más sostenible de la UE”, Nicola Danti.

No obstante, eso de coger el toro por los cuernos, que se dice en castellano popular, no parece ajustarse al plan político actual.

En una vivaz reunión con los portavoces de Agenda Digital en el Congreso que tuvo lugar hace unos días en la sede de KREAB, quedó patente que España mira a Europa  paralizada, esperando una respuesta que no va a llegar, porque Europa sigue empeñada en dar claves y no directrices concretas y no va a regular al nivel de Estado Miembro.

Como resultado, la estrategia para abordar la digitalización española lleva ya (demasiados) años anclada en la digitalización de la Administración española. Una estrategia que pone el foco en esa asignatura pendiente del Estado desde hace décadas y deja en penumbra a la realidad más actual: todo el sector que ya nace digitalizado y sumido en el prolífico caos regulatorio y la más desesperanzadora inseguridad jurídica.

Acoger las necesidades de los nuevos sectores en el seno de propuestas y presupuesto público pasa, según lo que parece, por tres áreas de fomento de la Agenda Digital y el encaje de las nuevas economías y las plataformas; a saber, el empleo, la fiscalidad y la educación. Cualquiera de esas tres áreas son de trabajo a medio o largo plazo, lo que quiere decir que ni nuestro Gobierno ni la oposición manejan en este momento un plan de actuación que arroje un poco de luz al sector digital a corto plazo.

Y, mientras, se nos escapa la innovación, se nos fugan los cerebros, perdemos el tren de la digitalización y se nos mueren los proyectos disruptivos.

Y, mientras, la competitividad española y europea se pierde en un infinito laberinto de dimes y diretes, de presiones sectoriales, de regulación a golpe de decreto, de propuestas de desregulación o, lo que es peor, de judicialización de las diferentes problemáticas. Judicialización que acaba haciendo mella en la polarización y virulencia de la opinión pública. “multas a Airbnb”, “caso Uber”, “sentencia Blablacar”,… ¿les suenan? Sí, España tiene el dudoso honor de haber sido el único país que ha sentado a Blablacar en el banquillo.

Y, mientras, no se dan cuenta. O lideramos, o nos liderarán.

Sara Rodríguez
Responsable de Políticas Públicas de Adigital y Secretaria General de Sharing España